Tokiato en komorebi

3–4 minutos
📷 AI/LM Sunny urban Tokio.

La belleza de la simplicidad y lo cotidiano

Win Wenders construye una fábula contemplativa en medio del caos tokiota. Esta vez la melancolía y la condición humana encarnadas en un ser tan silente como monstruosamente definido resignifican los ideales de bienestar en el mundo. Hirayama es un hombre que ha logrado traducir la felicidad a ese estado de paz en el que le es posible la vida en armonía y tranquilidad a pesar del ruido de la ciudad.

Un hombre cruza despacio una calle de Tokio al azar; mientras, la luz se filtra entre las hojas que nos recuerdan que un árbol puede ser también un amigo. Un letrero* con ideogramas reordena el sentido: cuidar la amistad como quien cuida un bosque, sostenerla con la paciencia de un rayo de sol que juega entre las ramas. Veo a Hirayama en aquel banco del parque como a aquel ser que ha adquirido con sabiduría la forma de vivir en un perfecto estado de asertividad entre la contemplación y las actividades del mundo, descubriendo y redescubriendo espacios de vida —con sus imperfecciones— que son eso: la procura silenciosa de la ternura a pesar del mundo.

En particular, la escena del paseo en bicicleta bajo un sunfade esperanzador, la tranquilidad de no hacer nada extraordinario y poder sentir a la vez que el día y la vida progresan también de esa forma, sin tener que probar nada a nadie; un fragmento de tiempo a solas pero también de comunión con el todo. La experiencia de un momento cotidiano que tiene la capacidad llegar a ser sagrado.

… La escena en el parque, la definición de un árbol como un amigo; ser uno con el todo. La naturaleza que es sabia y que se deja contemplar a través del komorebi de una tarde suspendida en una imagen en blanco y negro. 

Un ser humano con un proyecto de vida real, independiente, que no está supeditado a la aprobación o exigencias de nadie, y que además, carece de pretensiones. Que es capaz de traducir un día cualquiera en una gran experiencia reflexiva de vida, de ternura y de empatía.

Sentido de la reflexión emocional, de una vida orientada hacia lo contemplativo, en la sencillez de lo cotidiano, que abraza la imperfección y valora lo simple. Música, fotografía, árboles y libros.

… Tan sutil, como cuando una pluma cae sobre el remanso

y círculos concéntricos casi imperceptibles,

pero reales, esparcen el silencio ad infinitum.

 … la simplicidad de ir a ver una película al final de la tarde en compañía de alguien a quien verdaderamente amamos, alguien a quien hayamos podido decir “¿sabes?, fue un bello día, I’m glad I spent it with you”. Y reflexionar en alguna conversación posterior acerca de ello, reparar en que la vida puede consistir en dedicar nuestro tiempo a pequeñas cosas que amemos hacer o compartir, ‘como aquel buen hombre’ de la película.

—————
* El letrero, en japonés, muestra dos kanji: 司 (administrar, regir) y 木 (árbol). No forman una palabra compuesta habitual, pero su combinación puede leerse como una imagen simbólica: administrar lo arbóreo, cuidar o sostener lo que crece con lentitud. Desde mi lectura, estos caracteres se enlazan con la intención del filme: el de la dignidad de una vida sencilla, sin pretensiones, sostenida por gestos mínimos —acaso halos de luz que se filtran entre las hojas—, y por la presencia discreta de esos amigos árboles con los que se habita, como si la existencia consistiera en aprender a convivir entre su follaje, sin quebrantarlos y sin quebrantarse.

… entrada en construcción…